Para el "Joven aprendiz"

sábado, 27 de octubre de 2007

MBE o MBP (Medicina Basada en Pruebas) ¡que cosa tan lógica!!

Tratar este tema es casi tener la seguridad de que alguien se pillará un rebote, tanto da que sean los "en pro", como los "en contra".

Situados en esta contienda, encuentro muchas similitudes con otras situaciones históricas previas. Podría hablar de "cirios y troyanos", "atenienses y espartanos", pero no conozco sus ambientes lo suficiente, se me antoja que fueron enfrentamientos entre ciudades- tribu.
Comparar el entorno en el que nos movemos en la medicina, como un enfrentamiento tribal, sí es comparable, pero sería debido al sumatorio de individuos a cada bando.

Me parece que es prioritario describir antes el "ambiente". La medicina de hoy tiene de característico su oferta de soluciones para todo, tanto da que uno se "cure" o no, al final todos fallecemos por diversas razones, luego la esencia es la venta de lo material como solución para la inmortalidad supuesta.

En este "ambiente" de multioferta "trascendente" en post, nadie sabe muy bien de qué, de la inmortalidad, la inversión de los contribuyentes se va haciendo progresiva hasta alcanzar cifras escalofriantes, incluso aparecen en los periódicos quienes peregrinan a centros de la oferta inmortal por un precio millonario de resultado igualmente baldío. Hay tanto y tan inútil que parece mentira que no seamos conscientes.

No recurriré al fácil ejemplo de la oferta farmacéutica, en si misma espectacular, sólo hace falta reparar en la oferta quirúrgica, todo se opera y todo es operable, ahora de forma mecanizada por un robot que sin duda será capaz de intervenir en cualquier cosa con una precisión milagrosa o a la oferta tecnológica donde pueden fotografiar en tres dimensiones el quiste mas insignificante y con la aplicación de todo esto conseguir la supuesta inmortalidad, por un lado de los pacientes, por el otro de los médicos con sus premios, desde los insignificante y pueblerinos localistas hasta los mundiales principescos o nöbelistas.

Si todo esto es maravilloso, no lo es menos como se obtiene la rentabilidad de los diversos inventos, no hay medicamento, ni máquina, ni prueba, ni reacción química, que sea mediocre, malo o falaz, es el mundo de las maravillas, como no puede ser menos en una sociedad que lo puede todo.
Los médicos, agrupados en cirujanos y estos a su vez en traumatólogos, digestivos, urólogos, los hay también analistas, microbiólogos, radiólogos, endocrinólogos, neurólogos, cardiólogos y otras tantas especies y subespecies de congregaciones, en las que cada cual se hace poseedor de una parcela de "la Verdad" por pertenecer a la congregación y así se les reconoce.

¿Saben de que estoy hablando?

En 1513 el registro de la ciudad de Wittenberg revelaba una población de unos dos mil habitantes: 172 burgueses autorizados para elaborar cerveza, 210 pequeños propietarios de casas, 26 de ellos en los suburbios, y 56 granjeros (no sujetos a impuestos), lo que supone que solo 382 personas pagaban impuestos.
Había dos monasterios con sus monjes y sus congregaciones, junto con la famosa iglesia del castillo, famosa por su colección única de 5.005 reliquias. Entre estas, convenientemente anunciadas y divulgadas, había pedazos de la zarza ardiente de Moisés, 9 espinas de la corona de espinas, 35 fragmentos de la Cruz, algo de heno y paja del pesebre de Cristo..., había restos de pesebre, de la cuna y de los pañales de Cristo; pelo de la Virgen, un frasco con leche suya, trozos de la túnica y otros adornos; 204 pedazos de los cuerpos de los Santos Inocentes, incluyendo un cuerpo intacto. Su potencialidad espiritual era de 127.709 años y 119 días de redención del tiempo del purgatorio.

Aquí se desenvolvía un fraile, da igual de que especialidad, que para ganar la indulgencia plenaria decidió viajar a Roma. Si una ciudad de mil habitantes poseía tal potencia redentora, imaginemos lo que era una ciudad de millón de habitantes, en la que tenía la sede y domicilio el descendiente directo de Cristo.

Decidió viajar porque no poseía las pasta para pagar a otro y así ganar el cielo según pecunio.

Llegado a la Ciudad Santa debía hacer unas 12 misas en los lugares santos en un tiempo récord, ascender arrodillado por la escalera de Pilatos, traída de Jerusalén, etc, etc.

Como los frailes eran más de uno en ese mundo, incluso miles y da igual de que especialidad, solían coindicir a diario en la Ciudad Santa una pléyade de ellos, todos a la misma hora tanto en los mismos sitios y como en lugares diferentes, recorriendola con fe y queriendo hacerlas mismas o parecidas cosas. En una ciudad tan grande hay de todo, incluso prostíbulos que ofrecían los servicios a quien buscaban la santidad, las había incluso según clases sociales para plebeyos, para transeuntes, para cardenales, junto a ellas toda una serie de servicios para una inmensa ciudad que vivía de sus peregrinos. Era todo ello un ágora de las mil y una cosas, todas ellas indiscutibles por reveladas.

Aquí nuestro fraile comienza a subir la escalera de Pilatos, un escalón tras otro, rezo tras rezo, una rodilla tras otra y al llegar al ante último escalón se enreda las piernas con la sotana, el escapulario que se ensortija y comienza a rodar por la escalera, patas para arriba, coscorrón para abajo, costillas contra los bordes y entre gritos de ¡ay, ay!, dolorido, llega al final y se pregunta:".. ¿como se que todo esto es verdad?,,.

Abandona Roma y vuelve a Wittenberg, con tanta, tan rica experiencia y donde la vista de tanta astilla sagrada, tanta paja, tanto resto de inocentes y tanto frasco de la leche, él se sigue preguntando, ahora con más fuerza:".. ¿como se que todo esto es verdad?".

Si lo de Lutero dió en lo que dió, un cisma, no le vendría mal a la medicina moderna ser agitada por un cisma similar, todos saldríamos ganando. Los pacientes porque verían la limitación de los esfuerzos hasta admitir que a las soluciones de determinados problemas llegamos tarde si nuestro diagnostico es anterior al descubrimiento. Los médicos porque seríamos sumergidos en un baño de humildad paliativo de tanta prepotencia y la sociedad porque obligaría a solo presentar aquellas cosas que demuestren con pruebas que suponen una mejoría real de lo existente.

Pero nada de esto ocurrirá, la sociedad de consumo ha demostrado en diferentes ocasiones que es capaz de asimilar todo aquello que en principio es capaz de cuestionar sus posibilidades ficticias. Así asistimos impertérritos e impotentes a la usurpación del concepto de "MBE" por parte de todos los cardenales y superiores de las órdenes correspondientes, hasta el punto de que resulta difícil distinguir la parte real de sus discursos, mientras se esfuerzan en conseguir la inmortalidad con el paso a la historia.

Los hay que ayudando, argumenta el recurso a la experiencia, olvidando que experiencia y pruebas son cosas diferentes.
Experiencia es la historia de Lutero y su pregunta socrática, eterna, pero no aprendemos. La experiencia tiene dos vertientes la positiva, agradable, gratificante, dada a rememorar y repetir o la negativa, frustrante, auto lítica por su generación de un escepticismo a crítico, dada a olvidar y tendente a repetir, con lo que resulta tremendamente peligrosa, que le hace perder su valor argumental.
Pruebas son los hechos que hacen que la camaleónica sociedad de consumo sea capaz de asimilar a todo el que le cuestiona.

Ni los pacientes, ni los médicos controlamos el entorno, son otros los que ponen la zanahoria delante de las caballerías, por eso es lógica, pertinente y obligatoria la pregunta de Lutero.

1 comentario:

Fernando Sánchez Díez dijo...

Enhorabuena por el blog y gracias por tus comentarios y opiniones que enriquecen nuestra visión de la medicina y nuestro quehacer diario.

Un fuerte abrazo desde Valencia
Fernando
galeno2001@hotmail.com
PS
No se visualizan el módulo de feeds en la página de google. Será alguna tontería. Pregúntale a Julio, que te lo soluciona enseguida.