Para el "Joven aprendiz"

miércoles, 28 de julio de 2010

La mañana venía apretada.

La mañana venía apretada, demanda compleja, agenda llena y a las 13,30 sesión a mi cargo.


Había decidido no utilizar ppt, así que de una manera clásica utilizaría la blanca e impoluta pizarra de 2,30 x 1,50 m.

En estos casos las sesiones deben de tener una prolongación en el tiempo y los conceptos se deben de colocar a lo largo del discurso.

El residente me había liberado su media jornada, pero en el transcurso de la mañana la hija de María había llamado tres veces, lo que interpreté como un: “..te recuerdo que tienes que venir” y decidí: “iré mañana”.
María es una paciente especial, de avanzada edad, es víctima de una de esas enfermedades de curso lento pero pertinazmente progresivo que te deja en situación de impotencia siempre.

La biblioteca donde hacemos las sesiones se llenó de uniformes y batas, mientras desarrollaba el tema me preguntaba: “...vaya llenazo, pero bueno…”.

Al finalizar me felicitaron por la exposición y mi ego desconfiado se sintió satisfecho.

La primera visita que hicimos juntos el residente y yo al finalizar la jornada del día siguiente fue a María, tras la espera después de tocar el timbre, la puerta se abrió y la cara de la hija de María me informó de que algo pasaba.

-¡Hola!
-¿Vienes hoy? ¡ayer fue cuando te necesitamos!

Y siguió una larga lista de quejas. No dije nada, escuche y según las iba narrando comprendí que tenía razón, cuando terminó no me justifiqué, le pedí disculpas a María y a su hija.

Al final de la escalera le comenté al residente: “…puedes ser lo que quieras, dar las mejores sesiones, el más listo de la clase, pero si fallas aquí, lo demás es una mierda!”

Su silencio me hizo comprender que había entendido el mensaje.


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6 comentarios:

Lis Ensalander dijo...

Comparto tu opinión. Magnífico post.
En la mayoría de las ocasiones en que no tomamos la decisión adecuada es porque "algo nos aprieta" : el tiempo, el prejuicio, la etiqueta, el complejo de superioridad, el mal humor ...
Conclusión: Mejor ir "flojos"

Salvador Casado dijo...

¡qué enseñanaza!
los pacientes nos ayudan a recuperar la dosis de humildad que todo sanador necesita tener...

Fernando Sánchez Díez dijo...

Hola Juan José.
Me ha gustado mucho la entrada.
Me he tomado la confianza de compartirla en Medfam, espero que no te pareca mal
Esta lección debería ser obligatoria impartirla en todas las unidades docentes. Yo así lo haré.
Hay que tener cuidado cuando tenemos a la vista un evento importante, como por ejemplo una sesión clínica que hemos preparado a fondo, y somos requeridos de forma apremiante por un paciente. Puede surgir la tentación de calificar de demorable la asistencia y actuar en consecuencia, con el riesgo de comprobar a posteriori que no era aplazable esa consulta y luego lamentarlo.
Es altamente probable que nos ocurra a lo largo de nuestra vida profesional. E.g. Paciente habitualmente frecuentador por crisis de ansiedad acude justo en el momento de la sesión por sensación de ahogo; cuidado con la demora en la atención.
Recuerdo una viñeta de Forges cargada de ironía en la que un paciente cosido a flechazos se arrastraba hasta la puerta del consultorio y la administrativa le decía: el Dr no puede atenderle, está en un curso de flechología.
Muchas gracias Juan José
Un fuerte abrazo
Fernando Sánchez Díez
CS Ingeniero Joaquín Benlloch
Valencia

Zuribeltz dijo...

Zorionak. Simple, conciso y clarificador. Reflejas en pocas, pero bien distribuidas palabras, una realidad que muchas veces tratamos de esconder bajo distintas justificaciones, casi siempre para salpicar nuestra culpa al entorno laboral.
Gracias.

Rebeketa dijo...

Hola,

nunca he escrito ningún comentario, pero voy siguiendo lo que escribes.

Yo soy R1, y acabo de empezar, pero me gusta empaparme de lo que los mayores podéis contarnos.

Me ha gustado mucho leer esta entrada porque pienso que es totalmente cierta.

Tomo nota para mi futuro, gracias por compartirlo.

Juan Jose Bilbao Larrañaga dijo...

Gracias a todos por vuestra comprensión.